Al borde del desierto, una cita con la historia del rock

El festival que comienzó este viernes es el sueño dorado de todo amante del rock clásico. No se trata solo de una acumulación de nombres: a pesar de su veteranía, los Stones, Dylan, McCartney, Young, Waters y The Who muestran un presente muy lejano a la decadencia.

55a6101b

Basta revisar algunos datos históricos para comprobar que lo que está sucediendo no podría ser más lógico. A 40 kilómetros y 29 años de aquí, U2 y el fotógrafo Anton Corbijn le dieron forma a una tapa icónica del rock, un retrato blanco y negro en el Joshua Tree National Park que engalanó el disco que convirtió a los irlandeses en contraseña planetaria. En 1993, el Empire Polo Club inauguró su historia rockera con los jóvenes Pearl Jam, instalando una semilla que floreció en 1999 con el primer Coachella Valley Music and Arts Festival: un encuentro por el que pasaron nombrecitos como Radiohead, Pixies, Prince, The Cure, Jane’s Addiction, The White Stripes, Beastie Boys y Red Hot Chili Peppers. En 2011, los “cuatro grandes” del thrash metal, Metallica, Slayer, Megadeth y Anthrax, abrieron en el mismo lugar su gira conjunta Big 4. Aquí nomás, en Palm Springs, nació en 1957 Cameron Crowe, el cineasta que ubicó algunas historias de amor en la escena grunge de Seattle con Singles y luego recordó su propia experiencia como imberbe periodista de Rolling Stone en Casi famosos. Hasta el nombre del desierto que rodea a Indio –Sonora- lleva a la misma conclusión: el festival Desert Trip, el encuentro de titanes del rock que comienzó este viernes, tenía que suceder aquí.

McCartney no solo cuenta con un repertorio inoxidable: su banda de apoyo ya juega de memoria.

Aunque muchas veces en el mundo del rock se ha abusado de términos grandilocuentes, esta vez todo parece justificado. The Rolling Stones y Bob Dylan abrieron el encuentro; este sábado actuarán Paul McCartney y Neil Young; el domingo cerrarán la ceremonia Roger Waters y The Who. ¿Puede imaginarse un aquelarre más grande de potencias musicales? ¿Cómo no hablar del Festival del Siglo, del Woodstock del Siglo XXI, de uno de esos eventos que queda inevitablemente impreso en los libros de historia grande? Desde el comienzo de las negociaciones, los representantes de la productora GoldenVoice dejaron claro a cada uno de los Seis Grandes que eran esos nombres o ninguno; no había banco de suplentes, no se imaginaban otra cosa que este cartel. Con ese argumento –y otro que tiene que ver con transferencias bancarias, claro– convencieron a los artistas que animarán un festival que atrae la atención del planeta musical. Las entradas, con precios que van de 199 a 1999 dólares (con intermedios de 699, 999 y 1599) volaron en cuestión de horas, y apenas un par de días después se anunció una segunda cita para el próximo fin de semana.

El gigantesco predio del Empire Polo Club, allí donde se realiza el Coachella, será entonces escenario de un encuentro musical como nunca antes en la historia. Pero no se trata solo de apilar nombres de gran lustre. Más allá de los inevitables chistes sobre el “Viagra Festival” o los elementos médicos necesarios para camarines, lo cierto es que a estos artistas la veteranía les ha sentado bien. El público argentino ha tenido recientemente ejemplos de ello: los últimos shows de The Rolling Stones en el Unico de La Plata, en febrero de este año, los exhibieron con una garra y unas ganas de comerse el escenario que imponen respeto. Lo mismo puede decirse de McCartney, que tres meses después ocupó el mismo escenario e hizo un show monumental, afirmado en una banda con la que el ex Beatle toca de memoria. Bob Dylan y Neil Young han hecho de la vida en la carretera una costumbre: el primero –que lanzó este año el disco de versiones Fallen Angels– es explícito desde el nombre Neverending Tour; el segundo sigue incendiando escenarios junto a su grupo Promise of the Real, con quienes acaba de editar el álbum en vivo Earth. Y no conforme con lo musical, mantiene su costado agitador con proyectos como el disco The Monsanto Years y la nueva canción “Indian givers”, en protesta por la construcción de un oleoducto que arrasará tierras de pueblos originarios en Dakota del Norte.

En febrero de este año, los Stones demostraron en La Plata que aún tiene la garra que se necesita.

¿Y los artistas de cierre? Pink Floyd y The Who supieron compartir escenarios británicos en los swinging sixties, pero ciertamente produce curiosidad presenciar hoy la combinación del ex bajista del monstruo progresivo y los dos históricos que encabezan a los próceres mod. Lo último que se vio de Roger Waters fue la monumental puesta para estadios de The Wall, un poderoso impacto audiovisual que perdía algunos puntos con los pasajes en los que el artista se respaldaba en voces grabadas, o por novedades innecesarias como “Another brick in the wall, Pt. 4”. Claro que el diferente contexto del Desert Trip y la (¿sana?) competencia con sus colegas seguramente lo llevará a montar otra clase de show, que no solo apele al historial de la banda que compartió con David Gilmour sino también a su propio material. Y en cuanto al último nombre… para el público argentino, que se ha dado el lujo de ver a los otros cinco participantes, The Who es la gran frustración: se anunció un show en River en 2007, finalmente suspendido; desde entonces, la posible visita nunca pasó del status de rumor. La transmisión televisiva del concierto a beneficio de las víctimas del huracán Sandy, el 12 de diciembre de 2012 en el Madison Square Garden (donde también estuvieron Waters, los Stones y McCartney) permitió apreciar a unos Who bien plantados, con Pete Townshend y Roger Daltrey en excelente forma. Las giras de The Who Hits 50! y Back to the tour Who 51!, con herederos e apellido célebre como Simon Townshend y Zak Starkey en la banda, les permitieron recorrer clásicos inoxidables como “Pinball wizard” y “Baba O’Riley” y reflotar la energía arrolladora que caracterizó siempre al grupo.

rs-238840-r1261_fob_rockconcert_a

El menú está servido, y el valle de Coachella, con esas imponentes montañas y los vientos del desierto, ofrece la escenografía ideal para que todos, los músicos, los organizadores, los responsables de que todo lo técnico funcione y, claro, la gente venida de todo el mundo que atestará el lugar, experimenten a pleno la sensación de estar haciendo historia. Curiosamente, los argentinos tienen el orgullo de poder decir que ya vivieron lo que será la velada de apertura, una apoteosis para el público estadounidense: en 1998, la gira Bridges to Babylon presentó en River Plate a las dos leyendas, que no solo hicieron sus respectivos sets sino que además se juntaron para el momento cumbre de “Like a rolling stone”. No hay manera de confirmar aún si volverá a darse el encuentro. Pero algo es indiscutible: si hay algo que le sobran a estos tipos son canciones, en cada caso suficientes como para armar dos o tres setlists ganadores. Nunca más apropiado el título: este Desert Trip promete ser todo un viaje.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *